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Barrio de San Diego
Natural de San Nicolás del Puerto (Sevilla), fue un fraile
franciscano que desempeño su apostolado cuidando a enfermos
incurables en el convento de Ara Caeli, murió en Alcalá de Henares
en 1465 y fue canonizado por el Papa Sixto V; su fiesta se celebra
el 13 de Noviembre.
El
barrio que lleva su hombre inicia la fiesta con la visita de San
Antonio, que corresponde así la que le hizo San Diego en Junio. Un
domingo anterior, se cambia las ropas de la escultura y cuando
concluye la ceremonia se sigue la costumbre de distribuir a la
concurrencia rosquitas de pan blanco ensartadas en ramas de
laurel.
De
las actividades tradicionales como la arriería (que gradualmente
ha ido desapareciendo), subsisten la de lavandería, panadería,
cocina de extraordinaria calidad y labores artesanales.
En
la época colonial funciono un pequeño hospital que administraban
los hermanos dieguinos; desapareció hace más de un siglo. Ahora,
alberga al Instituto Mexicano de oftalmología Tropical, uno de los
centros de investigación y servicio más importantes del país, cuya
proyección dada por su fundador que lo administra y dirige, el Dr.
J. Javier Torroella Bueno, alcanza la esfera internacional.
Correspondía a esta jurisdicción el puerto aéreo municipal, que
opero Francisco Saravia pionero de la aviación nacional ‑y ese fue
su hombre desde siempre‑; dando servicio el comercio, pasaje y
turismo, por casi cincuenta anos.
De
los tres accidentes más aparatosos que registro en su historia,
ninguno fue atribuible a las condiciones técnicas, ambientales o
físicas del mismo. El primero que se recuerda por su magnitud, fue
el de un destartalado bimotor que atiborrado de bultos y latas de
manteca, corrió de Sur a Norte, sin lograr despegar del suelo.
Consumió la pista y se incrusto en las casas que tenia enfrente.
Otro, en un día del Santuado (febrero), sucedió cuando el bimotor
de un concesionario local despego, pasando delante de los ojos de
cuantos se encontraban de día de campo, solo para despertar la
zozobra de la concurrencia, que muda de espanto, observaba como
salían humo y llamas de uno de los motores y que no lograba virar
para eludir las montanas, ni tomar altura; ya sin control, el
aparato se precipito en picada. La tripulación se consumió en
instantes por la explosión y la hoguera que se formo al
estrellarse la maquina contra el suelo.
Como ultima referencia se evoca el accidente en que perdió la vida
el capitán José Martínez, junto con sus pasajeros, en las laderas
del lago desecado Maria Eugenia, debido a la neblina.
Podrían referirse algunos otros, que en promedio, fueron mínimos
en frecuencia, si se considera el número de operaciones del largo
periodo en que el puerto aéreo Francisco Saravia estuvo en
servicio.
Tal vez no fue oportuno cerrarlo sin antes haber contado con otro
donde las autoridades aeronáuticas lo aprobaran, para no dañar la
importancia turística y cultural de la región.
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