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 COMERCIO  / ARTÍCULOS DE PIEL / BOTAS SANTIAG

Dirección:
Real de Guadalupe # 11-B, Centro, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México

Propietario:
Jean Philippe Evenou


Teléfono:

967 678 20 86

E-mail

jpevenou96@hotmail.com
Giro del Negocio
  Venta de Botas y artículos de piel.
Listado de Productos
 
  • Botas para Dama y Caballero
  • Bolsas de Piel
  • Carteras
  • Cinturones

Con la mas amplia variedad y mas extenso surtido.

Abrimos al publico de 9:30 AM a 8:30 PM

Nuestra Historia
  Desde 1989 la tienda "Santiag" de San Cristóbal de las Casas, le ofrece un gran surtido de BOTAS VAQUERAS, para Dama y Caballero, de las mejores marcas mexicanas (Montana, Cuadra, El Canelo, etc.)

Usted podrá escoger entre mas de 80 modelos de diferentes pieles, desde las mas exóticas como avestruz, Lizard, Cocodrilo, Mantarraya o Anguila, Hasta botas de Vacuno genuino.

Aquí mismo usted puede observar la anatomía de una de nuestras botas.

Información de Soporte
 

Breve semblanza,
La historia de las Botas

La historia de la bota es de alguna manera la historia del proceso civilizatorio del hombre, ofreciéndole protección pero también vanidad. Los primeros registros que se conocen de calzado elaborado con fines de protección hablan de la presencia de la bota ya hace 15000 a.C., tal y como lo testimonian numerosas pinturas rupestres en España.

Las piezas más antiguas que se conocen proceden de Mesopotamia en el Oriente Medio, y según se cree en esa época eran usadas tanto por hombres como por mujeres, y ya registraban numerosas decoraciones, demostrando que la bota siempre tuvo fines tanto utilitarios como suntuarios.

Al correr los siglos la bota se fue volviendo un implemento exclusivamente masculino, reservándose a la mujer delicadas piezas de calzado que difícilmente les permitían salir de sus casa, transformándose así en una forma de control que sustentaba las relaciones de dependencia cultivadas en la civilización occidental.

Apenas se les reconocía el derecho a la bota de montar, pero sólo dentro de las clases sociales más altas, donde había tiempo para actividades ociosas. El resto de la población, aún la que trabajaba con caballos no tenía más posibilidad que trabajar descalzos, y esto incluía a la mujer, la cual nunca estuvo eximida de las fuertes labores rurales.

Pero el siglo XlX sería el siglo de los grandes descubrimientos tecnológicos, provocadores de tantos cambios.

Entre ellos se destacaría la nueva actitud de la mujer, ahora más curiosa que nunca, y dispuesta a salir de su casa para conocer el mundo. La bota acompañó este impulso y alrededor de 1830 empiezan a surgir las primeras botas femeninas, con modelos delicados y refinados, abotonados o atados con lazos.  Estas botas, de caña baja, se diferenciaban bastante de las botas masculinas, tanto de las botas de trabajo, como de las militares o las suntuarias; aunque las primeras botas femeninas no podían competir con las botas masculinas en el lujo y delicadeza de las decoraciones.

Curiosamente, fue la Reina Victoria, conocida por su puritanismo y su actitud conservadora, quien popularizó la bota femenina, especialmente la ‘Bota Balmoral’, bautizada en honor al pueblo escocés. Esta bota cubre el tobillo, y cuenta con una suela gruesa que la transformó en el calzado favorito para las caminatas y luego, las grandes fiestas, una vez que la superficie de la bota empezo a decorarse profusamente. Estas botas eran confeccionadas exclusivamente en cuero, pero pronto otros materiales comenzaron a ser utilizados, como la seda, la tafeta y diversas formas de lienzo.

Para la segunda mitad del siglo XlX, la bota era ya el calzado de día de mujeres y hombres, tanto en invierno como en verano, y los modelos comienzan a diversificarse. A la variedad de materiales, se suma la novedosa utilización de la caña alta para las mujeres (que había sido un privilegio masculino) y la proliferación, gracias a la producción en serie, de los botines entre las clases bajas de la rígida organización social occidental.

A pesar de estos cambios en las preferencias, que obligaron a modificar la confección (fundamentalmente para ajustarse a las exigencias de la ya mencionada producción en serie y las transformaciones sociales que trajo la incipiente revolución industrial), para comienzos del nuevo siglo, la bota ‘de paseo’ y ‘de fiesta’, tremendamente populares en las últimas décadas del siglo XlX, caen en desuso, y las botas recuperan su condición de instrumento de trabajo. Y salvo excepciones, mantienen ese estatus hasta los años 50 del siglo XX, donde irrumpen en el mundo de la moda. 

Los años 60 fueron la década de la juventud, y de los cambios estéticos más radicales y rápidos de los que se tenía memoria. La bota fue uno de los emblemas vestimentarios de esa década.

El cuero perdió sus cualidades utilitarias para transformarse en lienzo de diseños psicodélicos multicolores; el plástico y el vinyl se sumaron a la cada vez más diversa oferta de materiales en los que podían manufacturarse las botas; pero especialmente, nunca antes se habían visto tal variedad en estilos, longitudes, alturas de taco y motivos decorativos.

Desde la ‘Bota Beatle’ popularizada por el cuarteto de Liverpool hasta la ‘Granny Boot’, infaltable en el vestuario de toda hippie a la moda y que no era más que la bota ‘de paseo’ del siglo XlX. 

Los años 70 fueron más tranquilos, pero los 80 vieron renacer un furor por la bota desconocido hasta entonces, y lo más peculiar de esta nueva moda es que fue protagonizada por las botas vaqueras, que siempre habían sido marginadas en la industria del cuero y el calzado en general, no sólo porque su público era reducido sino por su manufactura artesanal.

Durante todo el siglo XX, estas botas habían estado limitadas a las personas que desarrollaban oficios rurales o afines en los EEUU, y a todo aquel que gustara del universo del cowboy tal y como lo presentaba el cine y los otros grandes medios masivos. 

En 1980, debido precisamente a una película, ‘Urban Cowboy’, se desarrolló una moda que colocó a la bota vaquera no sólo en las calles de las grandes ciudades, sino también en las pasarelas.

Esto llevó a un nuevo protagonismo del cuero, ya que si bien otros modelos de botas pueden confeccionarse en diversos materiales, la bota vaquera no se concibe elaborada en algo que no sea cuero, aunque hoy por hoy la variedad de los cueros es más grande que nunca, debido esencialmente a los nuevos métodos de procesamiento de la piel animal y también a las exigencias de la moda.

Los últimos años del siglo XX encuentran a la bota ya instalada en los repertorios vestimentarios de cualquier persona, más allá de ocupaciones, clases sociales, género o lugar de procedencia. Hoy que poseemos a nuestro alcance una variedad de calzados como nunca antes en la historia de la humanidad, la bota de cuero sigue siendo la mayor protección de nuestros pies y a la vez, su mayor orgullo.

 

 

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