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Breve semblanza,
La historia de las Botas
La historia de la
bota es de alguna manera la historia del proceso
civilizatorio del hombre, ofreciéndole
protección pero también vanidad. Los primeros
registros que se conocen de calzado elaborado
con fines de protección hablan de la presencia
de la bota ya hace 15000 a.C., tal y como lo
testimonian numerosas pinturas rupestres en
España.
Las piezas más
antiguas que se conocen proceden de Mesopotamia
en el Oriente Medio, y según se cree en esa
época eran usadas tanto por hombres como por
mujeres, y ya registraban numerosas
decoraciones, demostrando que la bota siempre
tuvo fines tanto utilitarios como suntuarios.

Al
correr los siglos la bota se fue volviendo un
implemento exclusivamente masculino,
reservándose a la mujer delicadas piezas de
calzado que difícilmente les permitían salir de
sus casa, transformándose así en una forma de
control que sustentaba las relaciones de
dependencia cultivadas en la civilización
occidental.
Apenas se les reconocía el derecho a la bota de
montar, pero sólo dentro de las clases sociales
más altas, donde había tiempo para actividades
ociosas. El resto de la población, aún la que
trabajaba con caballos no tenía más posibilidad
que trabajar descalzos, y esto incluía a la
mujer, la cual nunca estuvo eximida de las
fuertes labores rurales.
Pero
el siglo XlX sería el siglo de los grandes
descubrimientos tecnológicos, provocadores de
tantos cambios.
Entre ellos se destacaría la nueva actitud de la
mujer, ahora más curiosa que nunca, y dispuesta
a salir de su casa para conocer el mundo. La
bota acompañó este impulso y alrededor de 1830
empiezan a surgir las primeras botas femeninas,
con modelos delicados y refinados, abotonados o
atados con lazos. Estas botas, de caña baja, se
diferenciaban bastante de las botas masculinas,
tanto de las botas de trabajo, como de las
militares o las suntuarias; aunque las primeras
botas femeninas no podían competir con las botas
masculinas en el lujo y delicadeza de las
decoraciones.
Curiosamente, fue
la Reina Victoria, conocida por su puritanismo y
su actitud conservadora, quien popularizó la
bota femenina, especialmente la ‘Bota Balmoral’,
bautizada en honor al pueblo escocés. Esta bota
cubre el tobillo, y cuenta con una suela gruesa
que la transformó en el calzado favorito para
las caminatas y luego, las grandes fiestas, una
vez que la superficie de la bota empezo a
decorarse profusamente. Estas botas eran
confeccionadas exclusivamente en cuero, pero
pronto otros materiales comenzaron a ser
utilizados, como la seda, la tafeta y diversas
formas de lienzo.

Para la segunda mitad del siglo XlX, la bota era
ya el calzado de día de mujeres y hombres, tanto
en invierno como en verano, y los modelos
comienzan a diversificarse. A la variedad de
materiales, se suma la novedosa utilización de
la caña alta para las mujeres (que había sido un
privilegio masculino) y la proliferación,
gracias a la producción en serie, de los botines
entre las clases bajas de la rígida organización
social occidental.
A
pesar de estos cambios en las preferencias, que
obligaron a modificar la confección
(fundamentalmente para ajustarse a las
exigencias de la ya mencionada producción en
serie y las transformaciones sociales que trajo
la incipiente revolución industrial), para
comienzos del nuevo siglo, la bota ‘de paseo’ y
‘de fiesta’, tremendamente populares en las
últimas décadas del siglo XlX, caen en desuso, y
las botas recuperan su condición de instrumento
de trabajo. Y salvo excepciones, mantienen ese
estatus hasta los años 50 del siglo XX, donde
irrumpen en el mundo de la moda.
Los
años 60 fueron la década de la juventud, y de
los cambios estéticos más radicales y rápidos de
los que se tenía memoria. La bota fue uno de los
emblemas vestimentarios de esa década.
El
cuero perdió sus cualidades utilitarias para
transformarse en lienzo de diseños psicodélicos
multicolores; el plástico y el vinyl se sumaron
a la cada vez más diversa oferta de materiales
en los que podían manufacturarse las botas; pero
especialmente, nunca antes se habían visto tal
variedad en estilos, longitudes, alturas de taco
y motivos decorativos.
Desde
la ‘Bota Beatle’ popularizada por el cuarteto de
Liverpool hasta la ‘Granny Boot’, infaltable en
el vestuario de toda hippie a la moda y que no
era más que la bota ‘de paseo’ del siglo XlX.
Los
años 70 fueron más tranquilos, pero los 80
vieron renacer un furor por la bota desconocido
hasta entonces, y lo más peculiar de esta nueva
moda es que fue protagonizada por las botas
vaqueras, que siempre habían sido marginadas en
la industria del cuero y el calzado en general,
no sólo porque su público era reducido sino por
su manufactura artesanal.
Durante
todo el siglo XX, estas botas habían estado
limitadas a las personas que desarrollaban
oficios rurales o afines en los EEUU, y a todo
aquel que gustara del universo del cowboy tal y
como lo presentaba el cine y los otros grandes
medios masivos.
En
1980, debido precisamente a una película, ‘Urban
Cowboy’, se desarrolló una moda que colocó a la
bota vaquera no sólo en las calles de las
grandes ciudades, sino también en las pasarelas.
Esto llevó a un nuevo protagonismo del cuero, ya
que si bien otros modelos de botas pueden
confeccionarse en diversos materiales, la bota
vaquera no se concibe elaborada en algo que no
sea cuero, aunque hoy por hoy l a
variedad de los cueros es más grande que nunca,
debido esencialmente a los nuevos métodos de
procesamiento de la piel
animal y también a las exigencias de la moda.
Los
últimos años del siglo XX encuentran a la bota
ya instalada en los repertorios vestimentarios
de cualquier persona, más allá de ocupaciones,
clases sociales, género o lugar de procedencia.
Hoy que poseemos a nuestro alcance una variedad
de calzados como nunca antes en la historia de
la humanidad, la bota de cuero sigue siendo la
mayor protección de nuestros pies y a la vez, su
mayor orgullo. |